Ella estaba parada en la puerta, sus oscuros cabellos caían por sus hombros, su pálida y suave piel se veía rociada por una ligera brisa, su blusa era blanca, sin mangas y ligera, volaba en contraste de sus ajustados jeans, en su cuello aquel collar que le había regalado su esposo el verano pasado tratando de compensar tantas salidas, ella no es un premio de consolación.
-No podemos seguir.
Sus ojos negros como la noche me miraban fijamente, sus pequeños labios y rosados permanecían sin expresión alguna mientras yo jugaba con la consola. Los disparos casi enmudecían sus palabras.
Mataron a mi personaje, puse en pausa el juego y la mire. Se veía hermosa.
-Esto es el final.
Me levanté y caminé a la entrada, la jalé del brazo y cerré la puerta; los vecinos no tenían porque enterarse de todo el escándalo y sabía que con ella dentro tendría ventaja.
Como respuesta recibí una cachetada, la vi directo a los ojos y la máscara comenzó a caerse, intenté abrazarla, pero ella se negaba.
-Suéltame.
Me reclamaba.
-¿Para qué? el volvió a irse ¿para qué te suelto? ¿para qué regreses a casa a hablar con la vajilla?
Ella forcejeaba, arañaba, pegaba, era ruda, fuerte, pero frágil.
Ella se dejó caer y limpie sus lágrimas con besos tiernos, lamí las líneas saladas de su rostro y me deslice bajo su blusa, ella me detuvo...
-No...
-Si.
Tomé sus labios y me monte sobre ella, inmovilizándola, la dejé respirar y jugué con su cuello. Pude oír claramente un suspiro cerca de mi oído, encorvaba su espalda y comenzó a actuar, solté sus manos y me abrazó desesperada. No fue necesario desvestirla, ya que ella tomaba la iniciativa; amaba la forma en que sus delicadas manos me despojaban de mi ropa, de sus labios besando mi cuello y sus dientes se clavaban en mis hombros, de su intimidad apretando la mía.
No se que es lo que mas me vuelve loco, sus ojos, sus labios, sus orejas, su cuello, sus senos, su cintura, sus piernas, sus pies, su flor... era todo, todo su cuerpo era un templo del ángel más bello traído desde el mismo inframundo.
-Eva...
Gruñí su nombre a su oído mientras se acurrucaba en mi pecho, acariciaba su espalda mientras ella ronroneaba.
Aquella noche había vuelto a morder el fruto prohibido con ella, bebiendo de su jugosa pulpa, pecando una vez más ¿qué importancia tenía que me iba al infierno? Ya estaba condenado dese que la vi, no podía vivir sin ella. Lo único que esperaba es que dejara al estúpido de su marido que siempre la abandonaba. Los contratos que cerraba con gente importante eran más que su bella esposa, sola, triste y descuidada; ella merecía algo mejor.
Besé la parte superior de su corona y exhale hondo, ese aroma a fresas que estaba impregnado a su cabello me enloquecía. La vi dormir, tan tranquila ¿cómo alguien podría desear algo que no fuera ella? Siendo que ella es perfecta.
"No desearas a la mujer de tu prójimo..."
Bah, arderé en las llamas de la culpa y la condena, se que vale la pena...
Eva despertó y me miró apenado, se cubrió con las sábanas y tomó su ropa corriendo directo al baño, sonreí, creo más apenada estará al salir si se encuentra a la casera; comienza a escucharse el ruido de la regadera, imaginé cada gota besando su cuerpo, me dieron celos.
No soy un premio de consolación, pero...
Irazu-
Cada cabeza es un ático, en donde se guardan recuerdos y fantasías, todo un mundo. Cada uno es distinto y muestra matices sorprendentes. Éste es el ático de aquel gato negro escondido, celoso del sol que acaricia su piel cada mañana, aquel que solo le cuenta a la luna sus miedos y anhelos...
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La espera terminó
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Muy bien
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