Ella permanecía en un rincón, estática y distante, estaba perdida...
Mientras que ella otra estaba al otro rincón del ático, había subido corriendo por inercia, con ella bajo el brazo y la arrojo al otro extremo de la estancia... lloraba ¿por qué? ¿por qué? Tenía la culpa, la había descuidado...
No podía verla, no se atrevía ni siquiera a imaginarse lo que le pudo haber pasado aquella noche que la perdió. Sólo se distrajo un instante, sólo se le olvidó que la había dejado en el salón, sólo eso bastó para que quedara manchada...
Caro la miró, se atrevió a enfrentarla, después de media hora en silencio se acercó a ella, se inclinó y extendió su mano a ella.
-Perdóname...
Abrió su carpeta y arrancó las dos últimas hojas, sacó su encendedor morado del bolsillo derecho trasero de sus jeans ajustados y prendió ambos pedazos de papel en donde se escondían pequeñas palabras mal escritas y sin ritmo. Tratando de borrar aquel evento desafortunado, en el que Caro salió corriendo del salón al finalizar su examen para correr al otro, olvidando su carpeta bajo la butaca. No fue sino al día siguiente que ella iba en el camión que se dio cuenta de que su mochila había perdido peso ¿se habrá puesto a dieta?
Abrió el cierre y husmeó dentro de ella, pero no estaba, la había perdido, intentó recordar si la había dejado en casa, pero no, no lo recordaba, todo el camino se la pasó pensando en dónde la pudo haber dejado. Hasta que llegó a la escuela y corrió a la caseta preguntando en cosas perdidas.
-Venga en media hora a que llegue el jefe.
Carolina fue a las jardineras que quedaban cerca de la estancia, sacó un cigarro y lo prendió. No tenía mucha importancia en aquel objeto, solo apuntes y apuntes, uno que otro comentario sobre algún libro que recomendaron, las muletillas de su profesor de filosofía, notas sobre tareas, juegos con colores y uno que otro garabato, cómo le hacía sentir el frío viento de la madrugada que se colaba desde su ventana rota... las manecillas del reloj marcaron la media y regresó con el oficial. Describió aquel objeto perdido, carpeta de argollas, con hojas recicladas en su interior, colores azul y morado, con flores pintadas en las pastas, la primera hoja era el horario con las materias, salones y nombres de profesores.
-¿Ésta es?
Ella sonrió contenta, firmó unos papeles indicando el buen servicio que le habían otorgado y se fue a su próxima clase. No necesitaba su carpeta, pero alguien pidió hojas. Automáticamente se fue al final de su instrumento de trabajo y las vio...
La penúltima hoja tenía escrito anotaciones referentes a los coches que tenían pensión en el estacionamiento de la universidad, no le dio importancia y siguió con la siguiente y se congeló.
Ay que dolor, ay que pena
...
quiero salir de esta área de confort
...
Cerró todo y miró a su compañero...
-Lo siento, no tengo más hojas...
El amigablemente se volteó y preguntó a otro compañero, pero Caro se quedó mirando su carpeta, no se atrevía a abrirla. Había pagado el descuido de su dueña, ahora estaba manchada.
Caro ni siquiera quiso imaginar cómo había pasado, se imaginó al guardia sin rostro, con su traje azul deslavado por el uso poniendo la pluma sobre la delicada hoja, rayándola, manchándola, violándola.
Cuando llegó a casa no pudo mas que correr al ático y aventarla al otro rincón, la miraba con desprecio, su carpeta le reclamaba a su dueña aquel abandono.
-Lo... lo arreglaré...
Sacó el encendedor con el cual hace un par de horas había prendido su cigarro.
-Déjame borrar tu mancha... déjame limpiar mis pecados...
Aunque ella misma sabía que ya no sería igual.
Dedicado a mi gran amiga confidente... que me acompaña si me siento bien o mal, que no le importa impregnar mis pesares en sus páginas, que no le importa si tachoneo un mal dibujo y exalto las palabras que más me atraen de desconocidos... perdón amiga carpeta u_u
*IrAzU*
je...
ResponderEliminarSólo revisa dos que tres acentos (sobretodo los 'sólos' de únicamente y 'solos' de soledad)
ResponderEliminargracias o.o
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