domingo, 8 de junio de 2014

Aceituna

Si he de ser sincera me dolió, más que tu rechazo, tu forma indiferente de desaparecer, sin avisar, sin decir palabra alguna cuando en su momento nos prometimos ser fieles a nuestros pensamientos, de no escondernos entre nuestros miedos.

Era un día como cualquier otro; parte de la rutina es el despertador, prender el calentador, bañarse mientras dormito, caminar pesadamente a la parada del autobús, nada fuera de lo normal. Hoy no sería diferente.

¿Qué tan normal es que el cambio se vuelva rutina? Es difícil encontrar un nuevo sentido, un nuevo escape, un grito de desahogo siendo que lo que antes nos motivaba se ha vuelto el pan de cada día.

Las luces del semáforo cambian y todos se apresuran a tocar el claxon, como si la solución a la hambruna estuviera detrás de tan complejo artefacto. El transporte público huele a sudor, vómito y miados, un bebe llora mientras una mujer se mueve incómoda ante el arrimón de un pendejo... yo suelo dormirme parada mientras ya no se si el chofer va a acelerar o frenar bruscamente de nuevo, no me quiero pelear.

¿Cuántas mudanzas han quedado a la vuelta de la esquina y cuántas más nos esperan? esa tarde que soltaste mi mano me sorprendió, ni siquiera me di cuenta, estaba tan acostumbrada a tu ausencia que pensé que eran ideas mías.

La oficina pequeña de cristal no me permite bostezar por más que quisiera, todo está basado en imágenes ante los demás y no puedo dejar que el castillo de cristal se derrumbe... monotonía, ese es el nombre de esta década, un intento desesperado de encontrar el cambio que me hace falta, después de tanto movimiento, después de tantas tormentas, aquella calma era realmente abrumante, pero el terremoto comenzaba a volverse asfixiante... ¿qué se puede hacer?

Si tan solo una parte de nuestro espíritu se reencontrara, no sabría qué decirte o cómo actuar, me haría pequeña ahí, de pie frete a ti, bajo tu mirada de aceituna.O al menos es lo que pienso mientras el reproductor toca una canción que bajé la noche anterior, una que no le presto mucha atención... Si tan solo... Sacudo la cabeza, alejando tu recuerdo, me hago mierda con tanta chaqueta mental, no debo tocarte, ni siquiera pensarte... Si tan solo...


Dejé de soñarte cuando me resigné al hecho de que tenía que dejarte ir, aunque la verdad el único lugar en el que te tuve fue en mis fantasías, aquellas que desgastábamos las pocas ocasiones que podíamos hablar...

Cuesta tanto trabajo escarbar aquel fragmento de canción vieja, del carraspeo de tus dedos en la guitarra y la voz de tu hermana para que al final en una sola tarde todo cayera hondo.

<<Mantén la mirada fija y segura, voz vibrante, tono alto...>>  Todo un éxito en las ventas, y la semana transcurre sin mayor novedad... bueno, un conejo se asomó por la ventana en la madrugada... ¿o fue un sueño? No creo que cerca de la ciudad en la que vivo haya alguna madriguera cerca, pero, siendo sincera, no se cómo es la demografía del lugar que habito, perdí ya la cuenta de las sonrisas amarillas, los chillidos desganados, las tazas de café. Olvidé las veces que me he movido, huyendo de tu silbido, y ni siquiera se a qué lugar llegué.

...

Quisiera poder describir el momento en el que nos reencontramos, de cómo mi frágil ser se quebró bajo tu aliento, que te lloré y reclamé tu abandono, que me dolió y me dejó un halo de esperanza para encontrarnos de nuevo porque nuestra historia siempre fue así... Si tan sólo nos hubiéramos reencontrado...

Y es que estoy ya resignada a no ver tu fina silueta, de no vernos a los ojos, de ya no enredarme en tu cabellera...

iRazu*

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