Miraba los dedos de mis pies descalzos, frotaba mi brazo izquierdo con mi mano derecha lentamente, intenté balancearme un par de veces sin resultado alguno; estaba ahí, con la cabeza mirando a los dedos de mis pies jugando. Trataba de escuchar algún ruido que me diera valor para abrir la puerta cerrada que estaba frente a mi... Qué sencillo sería alzar la mano y girar la perilla y verte del otro lado, con esa mirada sombría, sin significado alguno, pero que calma mi ser.
***
¡Ahí está tu sonrisa! Tus brazos cálidos, tu melena de fuego y esa mirada sombría... ¡Ahí está tu esfuerzo! Sin importar el dolor que sentías, estabas ahí para mi, para alentarme, conseguir que la habitación se llenaran de risas; ya sea cocinando, contándome un cuento o explicándome porque los dientes son como perlas en el mar, por que la sonrisa de la niña se cae a pedazos.
Enredé mis dedos en los chinos de tu cabeza, sumergí mi pequeño rostro para oler el aroma a cítricos del champú que sueles usar. La familia se despierta y quiere alejarme de tu lado, no lo permitas, no dejes que me lleven, soy feliz aquí contigo.
Contigo no hay flores que se entierran en las manos, no hay arañas que se pierden bajo las sábanas, ni hilos de seda que se enredan en el cuello. Contigo no hay noches frías con las puertas del closet abiertas, oscuras cuevas en las que habitan lobos con aliento a zarzamora. Contigo no me harán daño...
Me aferro a tu pecho, temiendo no volverte a ver, las lágrimas brotan y no consiguen calmar la ira de los ancianos sabios que no desean que esté a tu lado... No lo permitas, no dejes que me lleven...
***
Frote mi brazo una vez más y me atreví a pegar el oído a la puerta de metal, hacía frío aquella mañana de enero. Como lo sospeché, no había ruido al otro lado, no estaba tu sonrisa de perlas ni mirada furtiva, no estaba tu melena de fuego ni los cuentos a la hora de la comida... Simplemente no estabas...
iRazu*
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