sábado, 25 de enero de 2014

Lejos de casa

Creo que subestime los sentimientos que generas en mi persona...
***

La noche no era fría, ni cálida, no había brisa que refrescara el bochorno, ni humedad que la hiciera insoportable, no podría decir que era templada, no había descripción para ella. Creo que éso era lo que más me desesperaba; así que tomé mis llaves y dejé atrás esa casa vacía que me abrumaba tanto.

Caminé por un par de cuadras, comencé a acelerar el paso conforme avanzaba; las calles estaban solitarias, no había alma alguna ni siquiera detrás de las ventanas de aquellas fachadas francesas; aceleré un poco más, sentía vértigo, no pude evitar correr.

Apreté mis puños mientras balanceaba los brazos a mis costados, cada que mis pies pisaban el suelo y los elevaba pude sentí que dejaba de correr y comenzaba a volar. Mi respiración se agitaba cada que el aire entraba por mi boca, el dolor en mis costillas se hacía presente, pero no paraba, parecía que iba en bajada, impulsada, cada vez más rápido.

¿Por qué huyes?

Maldita voz en mi cabeza, cerré los ojos y di un salto en el borde que había en la calle, más rápido, más doloroso, más asfixiante, quería arrancarte con el aliento abrasador de la noche, esa noche que me sacaba de quicio, sin luna, ni estrellas, no había nubes, solo las luces de la calle silenciosas... ¡Usurpadoras!

Caí, no me di cuenta en qué momento pasó, no note que no tenía aliento, ni del dolor en mi tobillo. Logré girarme para dejar mi espalda sobre la acera. Ahí estaba esa penumbra, tan callada estaba la hora que no supe si estaba molesta conmigo y no deseaba hablarme.

No vengas...

Quise dormir, no sabía en donde estaba, seguramente lejos de casa y, por lo tanto, lejos de ti... ¡A quién engaño! Jamás estuvimos cerca, siempre estabas distante y lo agradecí, no sabría que insoportable sería sentirte en la misma avenida... Maldita voz en mi cabeza, déjame dormir...

Y cuando creí estar en total calma, percibí tu aroma, el de tu piel, sin perfume, como siempre; abrí los ojos, estabas ahí, mirándome con lástima, te acercaste, me besaste, apoyándote con tus pequeñas manos... por favor, deja de lastimarme... y ahí desee que aquello fuera una fantasía, pero no tengo tanta suerte.

Ahí estábamos tu y yo, tu encima de mi, asfixiándome con tu aliento, estúpido aliento, estaba tan cansada y todo comenzaba a dolerme que no pude separarme, no podía moverme... para... para por favor... me lastimas...

Quisiera que desaparecieras como por arte de magia, hazlo por favor, déjame sola...

iRazu*

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