Era la casona más grande de la cerrada, impresionante por su tamaño y diseño. El ojo del cíclope, era la ventana circular del ático que se elevaba a lo alto y mostraba su grandeza. Por esta misma ventana, sabían de la existencia de un ático; más nunca de un sótano. Aquella casa tenía las mismas puertas del cielo y del infierno al mismo tiempo.
La propietaria del lugar era muy peculiar de igual manera. Su historia era bien conocida.
Hija nacida bajo un seno altamente católico, casi rayando al fanatismo. Conoció, si así puede decírsele, al amor en un militar.
Se casó muy joven, poco sabía de la vida en pareja. El oficio de su marido ocasionaba largas ausencias. Solo en tres ocasiones conoció el placer sexual con su pareja: la luna de miel y en dos ocasiones posteriores; gracias a ello, dio a luz a tres varones; ya no estaría tan sola.
El esposo era un héroe de la nación quien sacrificó su vida por la patria de su país.
O al menos esta era la historia que los vecinos conocían.
Su tortura comenzó en la Luna de Miel, aferrándose a la sábana la mañana siguiente. Su entrepierna desgarrada por la fricción del acto sexual. Jamás creyó que aquello fuera tan perturbador y más porque viniera del hombre que más amaba.
Su pretexto era simple: la amaba, ya había aguantado tanto y deseaba tener esa experiencia ya con ella porque pronto se iría a misión. La negativa de ella y la fuerza de él provocaron una guerra dónde el más débil perdió.
A pesar del odio, ella siempre le fue fiel. La segunda noche no fue distinta. Había regresado tarde, borracho por la presión que tenía por la misión. Aquellas batallas eran cada días más desgastantes y solo buscaba desahogo en una mujer; aquella noche, le tocaba a su esposa después de 6 largos años.
Para ella era difícil ver en el rostro de sus hijos a su marido; eran tan idénticos a él físicamente, que llegó a odiarlos.
Para lo vecinos, era una "mujer luchona". Quien cuidaba con amor y cariño a sus dos pequeños y lograba salir adelante con la ausencia del jefe de la familia. Eso sí, económicamente, nunca les faltó algo; el sueldo de un militar siempre ha sido generoso.
Tal vez lo que impactó tanto en este personaje, es que siempre fue fiel. Y en verdad lo era.
3 años después del nacimiento del segundo hijo, el militar regresaba a casa.
Ella tenía miedo, se encerró en su recamara, arrinconada entre el buro y la pared. Su pareja tuvo que forzar la puerta para encontrarla como un animal asustado. Se inclinó y acarició su rostro.
-Perdóname...
Más lágrimas brotaron y lo abrazó. Le temía, pero le amaba; deseaba no verlo, pero le hacía falta. Necesitaba sentirse amada, algo que no pasó desde que intercambiaron votos en el altar.
-He visto cosas, que me han hecho pensar... perdóname, por favor.
¿Eso bastaba? ¿un par de palabras para que cediera? Pero en verdad algo había pasado. Fue gentil, cariñoso, amoroso. Y ella al fin logró disfrutar aquello que tanto miedo le causaba.
Al día siguiente volvió a partir, prometiendo que sería la última vez que saldría a misión. Y así fue; murió en batalla.
Cada cabeza es un ático, en donde se guardan recuerdos y fantasías, todo un mundo. Cada uno es distinto y muestra matices sorprendentes. Éste es el ático de aquel gato negro escondido, celoso del sol que acaricia su piel cada mañana, aquel que solo le cuenta a la luna sus miedos y anhelos...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La espera terminó
Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...
-
Dime dónde te encuentro porque mis pasos son cansados y mi vista se encuentra agotada; dime dónde te siento si las palmas de mis ma...
-
Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...
-
Aprovecho el medio para notificarles que el Ático Azul de iRazu* cierra sus puertas, agradeciéndoles aquellas tardes y noches de lectura,...
bueno, siempre hay cosas que te hacen pensar, y pueden llegar a hacerte cambiar
ResponderEliminarbuen relato, sigue asi ;)