La estancia con mi madre había sido agradable, tal vez porque ya no tenía fuerzas para pelear. Me consintió como siempre: preparando mi comida favorita, arropándome a la hora de dormir, prestándome el coche para salir.
Aunque la verdad, lo del coche era porque necesitaba que la llevara a algún lado. Solo le faltaba que arreglara mi cuarto; pero su debilidad se lo impedía.
Me pidió que me quedara con ella, con sus ojos marrones y su sonrisa cansada. Se sentía sola.
Ambos lo sabíamos, le quedaba poco; el doctor lo había dicho ya.
-Podemos festejar tu decimosexto cumpleaños.
Reía tiernamente.
Sonreí mientras manejaba.
-Pero ya hace un par de meses que paso, mamá.
-Quiero festejarlo.
La miré en el siguiente alto, ni siquiera sabíamos si sobreviviría a mi próximo cumpleaños.
Tomé el teléfono mientras dormía, el tono de marcado me ponía nervioso.
-¿Bueno?
-¿Papá?
Hubo una pausa, en verdad no quería decir aquellas palabras.
-¿Cómo está tu madre?
Me enojaba en parte que él no le marcara para preguntarle directamente. No había podido dirijirle la palabra desde el divorcio.
-Débil.
Ni siquiera me pidió le enviara saludos.
-Papá... me quedaré con ella. El doctor dice que no le queda mucho tiempo; está sola y no hay quien la cuide.
Comencé a llorar mientras hablaba con él.
-Ok, hijo.
-Regresaré... y por favor, no seas grosero con Dolores.
A la mañana siguiente le conté la noticia a mi madre, comenzaron los trámites para la nueva escuela. Pensaba aventarme un año sabático, pero mamá no me dejó.
-Tienes toda una vida por delante.
Mi cumpleaños 18 lo pasé en su cuarto de hospital, con vista a los rascacielos del rumbo; me miraba con ternura como siempre y tomó mi mano.
-Felicidades, hijo.
Cerró los ojos y no volvió a despertar.
/i/r/a/z/u/
Cada cabeza es un ático, en donde se guardan recuerdos y fantasías, todo un mundo. Cada uno es distinto y muestra matices sorprendentes. Éste es el ático de aquel gato negro escondido, celoso del sol que acaricia su piel cada mañana, aquel que solo le cuenta a la luna sus miedos y anhelos...
domingo, 24 de julio de 2011
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La espera terminó
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las lecciones mas grandes no son las mas hermosas, la gracia, la bondad, espiritualidad y la alegria del corazon la purifican acciones y problemas tormentosos. Gracias por brindarnos tus experiencias, abrir tus emociones, sentiras que en tu camino veras a tu lado a los seres mas amados que nunca te dejaran sol@.
ResponderEliminarGracias a ti por leer ^^
ResponderEliminarque bueno aprender de las historias! gracias! sigue escribiendo siempre! tienes un gran talento para transmitir! aprovechalo! te felicito!
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