miércoles, 20 de marzo de 2013

Podrida

Los cristales se rompieron alrededor de la figura de porcelana, tenía un sabor ácido y quemaba en el esófago, no tardé en vomitar. Había una mancha marrón fétida en el suelo, marrón como la sangre podrida que lleva tres meses pegada a la superficie sin limpiar, después de que las ratas y las cucarachas miaran sobre ella.

¿Qué tan delgada es la línea que hay entre la simpatía y la aversión?

Ayer hablabas del viento soplando la nube en forma de oráculo y hoy simplemente guardas un puto silencio que estresa, esa sensación de desagradarte, pero insistes que no piense así... y ya no sé cómo llamar tu atención, al contrario, solo obtengo reclamos, haciéndome sentir más mal de lo que ando, cuando solo buscaba valor para decirte cómo me siento...

Ese es otro de tus reclamos: "no dices nada, te aguantas". Pues adivina, maldita muñeca de trapo, no te tengo confianza. Y ya me cansé, de buscar pretextos para seguir a tu lado, de defenderte ante los ojos de los cuervos, de permanecer bajo los rasguños del tigre dentro de mi estómago.

Si me vuelves a preguntar qué es lo que quiero, respondería que deseo estar lejos de ti, encontrar las fuerzas para enterrarte en el infierno y no sacarte jamás, dejar de definirme por las puñaladas que deseo darte en el pecho y simplemente hacerlo, borrarte, simplemente desaparecerte...

Te quiero lejos...

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